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    <title>Paralelo 32</title>
    <subtitle>Periodismo Confiable</subtitle>
    <updated>2026-04-13T19:25:07+00:00</updated>
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            Así celebraban el Día de Reyes los alemanes del Volga
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                <![CDATA[Julio César Melchior]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C82AFqUKdMkiXlpkjLDi1pr1sLA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2026/01/asi_celebraban_el_dia_de_reyes_los_alemanes_del_volga.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Las tradiciones de los alemanes del Volga son un fascinante mosaico cultural que refleja su origen y su historia. Esta mezcla se manifiesta en diversos aspectos de su vida cotidiana, desde la religión y la lengua hasta la gastronomía y la música. Con una rica historia que se remonta a su migración desde el Sacro Imperio Romano Germánico hasta el Imperio Ruso a finales del siglo XVIII. Sus tradiciones, transmitidas de generación en generación, son un testimonio de su resistencia y adaptabilidad. Y esta época del año, donde abundan los festejos, cada día tiene la suya, como en este caso el Día de Reyes, en que los alemanes del Volga celebraban el grosses neues Jahr.</p><p>La mañana del Día de Reyes se llevaba a cabo una tradición que lleva por nombre grosses neues Jahr (cuya traducción literal es año nuevo grande) porque en esa jornada quienes se levantaban temprano eran los hombres para ir de hogar en hogar visitando a familiares y amigos deseando un feliz y próspero año nuevo a cambio de un Schnapps, una copita de licor, siendo agasajados con un brindis en cada vivienda que ingresaban.</p><p>Demás está agregar que a medida que avanzaba la jornada y las visitas se repetían una tras otra, sumando a los buenos deseos y augurios, cantos tradicionales en alemán, y los brindis con sendas copitas de licor también se repetían, los hombres finalizaban su cometido un poquito pasados de alcohol.</p><p>Dando por concluidas de esta manera, las tradiciones ancestrales asociadas a los festejos de Navidad, Año Nuevo y Reyes, que enlazaban elementos religiosos, familiares y culturales.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C82AFqUKdMkiXlpkjLDi1pr1sLA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2026/01/asi_celebraban_el_dia_de_reyes_los_alemanes_del_volga.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Las tradiciones de los alemanes del Volga son un fascinante mosaico cultural que refleja su origen y su historia. Esta mezcla se manifiesta en diverso...]]>
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                                <category term="columnistas" label="Columnistas" />
                <updated>2026-04-13T19:25:07+00:00</updated>
                <published>2026-01-06T11:00:00+00:00</published>
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            Antiguas tradiciones de Navidad de los alemanes del Volga
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                <![CDATA[Julio César Melchior]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ht9cU2WtkZpi2j312rgg7Am3TAM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2025/12/antiguas_tradiciones_de_navidad_de_los_alemanes_del_volga.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La celebración del 24 de diciembre era vivida con una profunda austeridad, centrada en la fe y el encuentro familiar despojado de los excesos gastronómicos y comerciales. Después de asistir a la Misa de Gallo (conocida como Mette en el dialecto de los alemanes del Volga), que se celebraba a la medianoche, las familias regresaban a sus hogares a esperar la llegada de estos dos emisarios de la Navidad.</p><p>​El Pelznickel, que se presentaba ataviado con un sobretodo oscuro, viejo y desgastado, similar al utilizado por algún colono en las faenas agrícolas (del tiempo de la arada), una barba enmarañada, sombrero y botas, que irrumpía en la vivienda y solicitaba a los niños que comparecieran ante él. Su misión era reprender y castigar a los niños que se habían portado mal durante el año, pues se decía que estaba previamente informado por los padres de todas las travesuras cometidas. Después de un interrogatorio y sermón, el castigo no era físico, sino moral: les ordenaba arrodillarse y rezar, a veces aplicando la amenaza al agitar un Rustchie (una ramita delgada y larga), dejando a los pequeños sumidos en lágrimas y pánico. Concluida su tarea, se retiraba entre gruñidos y el arrastrar de una gruesa cadena que siempre llevaba consigo.</p><p>Enseguida, ingresaba a la vivienda una figura que representaba la bondad y la promesa del Niño Dios (Jesús): el Christkind. Este personaje infantil, con un inmaculado atuendo blanco, a veces con una corona y un velo, llegaba para traer bondad y consuelo, justo después del temor infligido por el Pelznickel. Era el encargado de obsequiar a los niños de la casa masitas caseras y dulces.</p><p>​Esta singular dualidad de personajes trascendía el mero juego de roles; fue un sofisticado mecanismo pedagógico y teológico. Enseñó a generaciones de niños la importancia del arrepentimiento y la inmediata llegada de la gracia, donde el rigor austero del Pelznickel preparaba el terreno para el consuelo del Christkind.</p><p>​Si bien las tradiciones cambian y el auge de la globalización, junto con la figura de Papá Noel, han diluido en parte el impacto de estos ritos, el recuerdo del Pelznickel y el Christkind sigue siendo un pilar fundamental de la identidad cultural de los alemanes del Volga.</p><p>​Con el paso de las décadas y la inevitable integración cultural, la figura del Pelznickel se ha ido desdibujando, casi extinguiendo, dejando un hueco en la memoria colectiva que hoy se intenta recuperar a través de relatos y obras como el libro “La infancia de los alemanes del Volga”. Este es el recuerdo de una fe que era estricta, pero profundamente compensatoria.</p><p>​Rescatar estas historias es un acto de valorización patrimonial. Nos recuerda que las navidades de estas comunidades fueron construidas sobre principios de disciplina, fe y sencillez, legando a la Argentina no solo su esfuerzo agrícola y su éxito productivo, sino también un fascinante y valioso capítulo de su historia cultural.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ht9cU2WtkZpi2j312rgg7Am3TAM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2025/12/antiguas_tradiciones_de_navidad_de_los_alemanes_del_volga.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Para los niños alemanes del Volga de antaño, la Navidad se definía por la visita de dos figuras: el temido Pelznickel, que juzgaba las faltas, y el bondadoso Christkind, que repartía el consuelo. Esta doble tradición marcó la Nochebuena de generaciones en las aldeas y colonias.]]>
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                                <category term="historia-de-entre-rios" label="Historia de Entre Ríos" />
                <updated>2026-04-13T19:25:07+00:00</updated>
                <published>2025-12-24T11:15:00+00:00</published>
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            Se cumplen 84 años de la deportación y el genocidio de los alemanes del Volga
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                <![CDATA[Julio César Melchior]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/f6zXOyeVbOSJY69VFD6GptW-1k0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2025/08/se_cumplen_84_anos_de_la_deportacion_y_el_genocidio_de_los_alemanes_del_volga.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Para entender la magnitud de esta tragedia, es fundamental contextualizarla en la historia de la Rusia zarista y, posteriormente, de la Unión Soviética.</p><p>A mediados del siglo XVIII, el vasto territorio del bajo Volga estaba escasamente poblado. La emperatriz Catalina la Grande, de origen alemán, vio en los colonos de su tierra natal la solución para poblar la región, modernizar la agricultura y proteger la frontera sur del Imperio Ruso. En 1763, emitió un manifiesto invitando a los alemanes a establecerse en estas tierras, ofreciéndoles importantes privilegios: exención del servicio militar, libertad de culto, autogobierno local y la promesa de tierras para siempre.</p><p>Cientos de miles de alemanes, principalmente de regiones empobrecidas que conforman los estados de Hesse, Renania-Palatinado, Baden-Wurtemberg y Baviera, y otras zonas del suroeste, aceptaron la oferta. Emigraron al Volga, donde fundaron ciento de colonias, y durante casi 150 años, vivieron relativamente aislados, preservando su idioma, costumbres y religión. Esta prosperidad y aislamiento, sin embargo, los haría vulnerables en el futuro.</p><p>El pacto con la corona rusa se rompió en 1871, cuando el zar Alejandro II revocó los privilegios, obligando a los alemanes del Volga a realizar el servicio militar. Esta fue una de las principales causas de la primera gran ola migratoria hacia América, con contingentes masivos que se dirigieron a Estados Unidos, Canadá, Brasil y Argentina, donde buscaron la libertad y las oportunidades que habían perdido.</p><p>Tras la Revolución Rusa de 1917, los alemanes del Volga lograron un reconocimiento oficial de su identidad cultural con la creación de la República Autónoma Socialista Soviética de los Alemanes del Volga en 1924. Durante este breve periodo, pudieron mantener sus escuelas, periódicos y tradiciones en su propio idioma, un logro significativo en el contexto soviético. Sin embargo, este respiro sería efímero.</p><p>La verdadera catástrofe se desató con la invasión de la Unión Soviética por parte de la Alemania nazi en junio de 1941. El 28 de agosto de 1941, Stalin emitió un decreto infame que acusaba a la población alemana del Volga de ser "espías y saboteadores" potenciales. La excusa, que no tenía ningún fundamento, sirvió para justificar la disolución de la República Autónoma y la deportación total de su población.</p><p>Las aldeas fueron arrasadas y sus habitantes, en su mayoría mujeres, niños y ancianos, fueron arrancados de sus hogares de forma brutal y hacinados en vagones de ganado. Era una condena a la esclavitud en los campos de trabajo forzado y asentamientos remotos en las regiones más hostiles de la Unión Soviética, como Siberia, los Urales y Kazajistán.</p><p>Las condiciones eran tan inhumanas que muchos murieron en el trayecto y sus cuerpos fueron simplemente arrojados en el camino.</p><p>En los lugares de destino, la tragedia continuó. Los hombres jóvenes fueron separados de sus familias para ser enviados a los "Ejércitos de Trabajo", donde las condiciones eran equivalentes a las de los gulags. Las familias que quedaron atrás vivieron en la miseria, sin alimentos ni refugio adecuados, lo que provocó una tasa de mortalidad alarmante. Las consecuencias de esta deportación masiva y el trato inhumano que sufrieron son la razón por la que se habla de un genocidio.</p><p>Los alemanes del Volga, acostumbrados a la vida en las aldeas agrícolas, fueron forzados a realizar trabajos extenuantes en minas, aserraderos y la construcción de vías férreas. La jornada laboral se extendía por 12 o 14 horas, a menudo a la intemperie y bajo temperaturas extremas que podían bajar hasta los -50 °C en invierno.</p><p>La alimentación era insuficiente, con raciones de pan duro y sopa de agua con escasos vegetales, lo que provocaba una desnutrición generalizada. Muchos se veían obligados a comer lo que encontraban, como corteza de árbol o bayas silvestres. Los alojamientos eran barracones sin calefacción, atestados de personas y plagados de piojos y enfermedades como el tifus y la disentería. La falta de medicinas y atención médica hacía que cualquier enfermedad, por simple que fuera, se convirtiera en una sentencia de muerte.</p><p>El trato por parte de los guardias era brutal. Se utilizaban castigos físicos y humillaciones constantes para mantener a los prisioneros bajo control. Los que caían exhaustos por el trabajo o la enfermedad eran considerados "saboteadores" y a menudo eran ejecutados o dejados morir.</p><p>&nbsp;La tasa de mortalidad fue altísima, con cifras que superan las decenas de miles de víctimas. Los que sobrevivieron, al final de la guerra en 1945, no pudieron regresar a sus hogares. El decreto de Stalin, que los acusaba de "colaboracionismo", seguía vigente, y &nbsp;tuvieron que permanecer en el exilio interno, bajo la condición de "exiliados especiales" sin derechos civiles.</p><p>La deportación no solo destruyó la vida de miles de alemanes del Volga, sino que también dejó una profunda herida en la memoria colectiva de esta comunidad. La experiencia del trabajo forzado en Siberia y la posterior marginación se convirtieron en un pilar de su identidad, un recordatorio de la fragilidad de la vida y la importancia de la resiliencia en los momentos más oscuros.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/f6zXOyeVbOSJY69VFD6GptW-1k0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2025/08/se_cumplen_84_anos_de_la_deportacion_y_el_genocidio_de_los_alemanes_del_volga.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La tragedia se desató con la invasión de la Unión Soviética por parte de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el 28 de agosto de 1941, Stalin emitió un decreto que acusaba a la población alemana del Volga de ser "espías y saboteadores" potenciales. Una calumnia infundada que justificó una deportación masiva y, en la práctica, un genocidio. Miles y miles de familias fueron enviadas a los rincones más hostiles y remotos del imperio soviético, como Siberia y Asia Central, en una condena en los campos de trabajo forzado, a la esclavitud y a la muerte por las durísimas condiciones de vida.]]>
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                                <category term="columnistas" label="Columnistas" />
                <updated>2025-08-27T12:25:46+00:00</updated>
                <published>2025-08-27T12:20:02+00:00</published>
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            Historia de los alemanes del Volga: A 262 años de un Manifiesto que forjó el destino de un pueblo
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        <author>
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                <![CDATA[Julio César Melchior]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/T2QWr7-_zaPQToxAY3ZDV2qumpc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2025/07/historia_de_los_alemanes_del_volga_a_262_anos_de_un_manifiesto_que_forjo_el_destino_de_un_pueblo.gif" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hace más de dos siglos y medio, el Manifiesto de Catalina la Grande se erigió como un faro de esperanza. Ofrecía tierras fértiles a orillas del Volga y, más importante aún, prometía libertad. Libertad para practicar la propia fe, para hablar el propio idioma, para gobernarse en comunidad y para estar exentos de las levas militares que desangraban a una Europa devastada por la guerra. Para miles de familias del Sacro Imperio Romano Germánico, sumidas en la precariedad, fue una invitación imposible de rechazar.</p><p>Aceptaron emigrar cansados de soportar los frecuentes conflictos políticos, sociales y religiosos, en los que se veían envueltos a causa de la dinámica de las decisiones que tomaban los príncipes y reyes imperiales, a los que estaban obligados a servir y después de sobrevivir a las guerras de los Cien Años (que en realidad se prolongó durante 116 años, entre 1337-1453), la guerra de los Treinta Años (1618-1648) y la guerra de los Siete Años (1756-1763), que habían devastado los territorios, arrasando cosechas y alimentos, y dejaban el campo sembrado de hambrunas, enfermedades, pestes, muerte y sin gente joven para comenzar de nuevo.</p><p>Así comenzó el primer gran viaje. Hombres y mujeres dejaron todo atrás para labrar un futuro en las estepas rusas. Allí, durante más de un siglo, construyeron una identidad única. No eran ya sólo alemanes, ni se sentían completamente rusos; eran los Wolgadeutsche, un pueblo que conservó con celo su dialecto, sus tradiciones, sus valores de trabajo y su profundo sentido de comunidad. En sus aldeas, la vida transcurría como un eco de la patria lejana, un testamento a su inquebrantable cohesión cultural.</p><p>En los primeros diez años partieron del Sacro Imperio Romano Germánico alrededor de 30.000 personas sobreviviendo apenas unas 23.000, como consecuencia de las peripecias que tuvieron que afrontar durante el viaje y lo difícil que fueron los comienzos en tierras rusas, para colonizar los campos inhóspitos, desolados y lejos de las grandes urbes, rodeados de siervos analfabetos, y utilizados como barrera de contención para mantener controlados a las tribus salvajes que asolaban la región, a pura violación y matanzas. Un detalle que omitió mencionar Catalina II en el Manifiesto de Colonización.</p><p>A pesar de todo eso, los colonos supieron sobreponerse y con sacrificio, esfuerzo y trabajo, más un hondo sentido del deber y una profunda fe en Dios y en sus valores culturales, consiguieron salir adelante. Labraron la tierra y en cien años transformaron la zona en una región productora de trigo, una extensión que alcanzó una amplitud mayor a la Suiza actual. Continuaron fundando aldeas y colonias que aportaron mayor progreso y crecimiento, extendiendo las actividades hacia otros sistemas productivos además del agropecuario.</p><p>Sin embargo, la historia les deparaba un segundo éxodo. Porque un día su situación cambió radicalmente, cuando en 1871 el gobierno ruso les informó que el Manifiesto quedaba anulado, que todo lo que se estipulaba en él quedaba revocado, y empeoró aún más cuando se obligó a todos los jóvenes de 20 años a servir en el ejército a lo largo de seis años. Lo que en pocas palabras significaba perder, además de las concesiones que otorgaba el Manifiesto, la identidad cultural. Algo que ellos no deseaban.Cuando la sombra de la rusificación amenazó su identidad, los alemanes del Volga volvieron a mirar hacia el horizonte. Y con el mismo espíritu pionero de sus antepasados, emprendieron una nueva migración, esta vez hacia América.</p><p>Y es así, como a fines del siglo XIX y principios del XX, miles de estas familias desembarcaron en Argentina, atraídas por la promesa de tierra y libertad en un país nuevo. Se asentaron en las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y La Pampa, entre varias otras, transformando el paisaje con el mismo tesón que antes habían demostrado a orillas del Volga. Fundaron aldeas que aún hoy llevan nombres que evocan su origen y llenaron los campos de trigo, trayendo consigo el arado y la fe.</p><p>Hoy, al recordar aquel 22 de julio de 1763, no solo rememoramos un hecho histórico lejano. Celebramos el legado imborrable de aquellos inmigrantes. Un legado visible en los apellidos que son parte de la identidad argentina, en las tradiciones que enriquecen su cultura y, sobre todo, en el espíritu de resiliencia que demostraron.</p><p>El Manifiesto de Catalina fue la chispa, pero fueron la fe, el trabajo y la unidad de los alemanes del Volga los que mantuvieron la llama encendida a través de generaciones. Su viaje, que comenzó hace 262 años, es un poderoso recordatorio de que las raíces de un pueblo no están solo en la tierra de la que parten, sino en la comunidad y los valores que llevan consigo, dondequiera que el destino los lleve.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/T2QWr7-_zaPQToxAY3ZDV2qumpc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2025/07/historia_de_los_alemanes_del_volga_a_262_anos_de_un_manifiesto_que_forjo_el_destino_de_un_pueblo.gif" class="type:primaryImage" /></figure>Un 22 de julio, pero de 1763, la emperatriz Catalina II de Rusia firmó un documento que cambiaría el mapa humano de dos continentes. A 262 años de aquel histórico Manifiesto, conmemoramos no solo un edicto imperial, sino el punto de partida de la increíble odisea de los alemanes del Volga, una historia de migración, resiliencia y arraigo cultural cuyo eco resuena con especial fuerza en nuestras pampas argentinas.]]>
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                                <category term="columnistas" label="Columnistas" />
                <updated>2025-07-21T14:00:55+00:00</updated>
                <published>2025-07-21T13:57:07+00:00</published>
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        <title>
            Los almuerzos del domingo de Pascua en las colonias de antaño
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        <author>
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                <![CDATA[Julio César Melchior]]>
            </name>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_S4qLLP0dzvzR5JJa2Uw7HDUJBA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2025/04/antiguas_tradiciones_y_costumbres_de_los_alemanes_del_volga.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Los almuerzos de Pascua eran motivo de celebración y reencuentro familiar, ya que para esa fecha llegaban hijos y familiares no solamente desde distintos puntos de la región sino del país. Pascua y Kerb, eran las dos únicas épocas del año en que toda la familia se reencontraba y se reunía en torno a la mesa paterna. Era común que se compartieran camas, que se durmiera en el piso, incluso en la cocina, debajo de la mesa. Hay que tener presente que todas las familias tenían más de media docena de hijos y que los ancianos padres vivían al cuidado de sus hijos hasta el último instante de sus días. También podían compartir techo, alguna tía o tío soltero o viudo. Nadie quedaba sin protección. Era considerado una herejía recluir a un anciano, padre o abuelo, en un geriátrico.</p><p>Los almuerzos de Pascua, tras haber asistido todos a misa para celebrar la resurrección de Jesús y la bendición del agua bendita, eran un momento de fiesta, de mesas largas y de alegría.</p><p>El plato típico, que se cocinaba en el horno de barro o en la cocina a leña, era el lechón al horno con papas y el tradicional Füllsen. Los que no podían acceder al lechón, lo reemplazaban por carne de cordero. Y los que tampoco tenían posibilidades para este manjar, horneaban la habitual carne roja vacuna. Y los más humildes, que siempre los hubo, cocinaban abundantes y sabrosas comidas tradicionales, elaboradas a base de harina, como los Maultasche o los Wickelnudel. Pero en ninguna casa dejaba de haber fiesta. La comida no era un problema. Las comodidades y las camas tampoco. Se dormía donde se podía y se comía lo que había. Además, todos colaboraban. Todas las visitas traían algo. Nadie llegaba con las manos vacías. Absolutamente nadie. Aun la persona más humilde aportaba algún alimento. Lo importante era estar en familia, juntos, reunidos y unidos bajo el mismo techo. Porque nadie sabía con certeza cuándo volverían a reencontrarse todos otra vez.</p><p>Después del almuerzo, a la hora de la sobremesa, surgía algún acordeón, y era momento de cantar las inmemoriales canciones traídas del Volga, y entonces, se reía, se lloraba, muchas veces se bailaba. Todos querían hablar y contar lo que habían vivido desde la última vez que se habían visto. Generalmente pasaban seis meses, un año o más, entre un encuentro y otro. Porque en aquellos tiempos no era sencillo viajar y desplazarse de una localidad a otra. Buenos Aires quedaba muy pero muy lejos, y viajar era casi un lujo inaccesible para la economía de la mayoría. Muchos ahorraban durante meses, y en algunas ocasiones, durante más de un año, para poder retornar a la colonia y volver a ver a sus padres.</p><p>Por eso el almuerzo de Pascua tenía tanta relevancia en el universo cotidiano de los alemanes del Volga. Porque era la fiesta para celebrar la resurrección de Jesús, pero también la fiesta del reencuentro familiar. Y para muchos de nosotros, todavía lo sigue siendo en la actualidad. Porque forma parte insoslayable de nuestra identidad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_S4qLLP0dzvzR5JJa2Uw7HDUJBA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2025/04/antiguas_tradiciones_y_costumbres_de_los_alemanes_del_volga.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Los almuerzos de Pascua eran motivo de celebración y reencuentro familiar, ya que para esa fecha llegaban hijos y familiares no solamente desde distin...]]>
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                <updated>2025-04-16T14:46:07+00:00</updated>
                <published>2025-04-16T14:40:50+00:00</published>
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            Se cumplen 60 años de la entronización de la Virgen de Fátima en un localidad de la provincia de Buenos Aires
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                <![CDATA[Julio César Melchior]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vtUFbQgdvi3WeRTE7DgFMlElpUs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2025/02/se_cumplen_60_anos_de_la_entronizacion_de_la_virgen_de_fatima_en_la_gruta_de_acceso_a_la_localidad_de_pueblo_santa_maria.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Durante los primeros años de la década de 1960 del siglo pasado Pueblo Santa María y por ende, el Partido de Coronel Suárez, sufrió una prolongada sequía que afectó profundamente la economía lugareña, que por aquellos años dependía casi exclusivamente de la producción agropecuaria, lo que desencadenó una crisis económica, con la pérdida de tres cosechas consecutivas y mortandad de animales a consecuencia de la falta de agua y escasez de pasto.</p><p>Los propietarios de los campos, al igual que los habitantes de la localidad, preocupados por la situación, se entrevistaron con el sacerdote Juan Peter, que estaba al frente de la parroquia, para plantearle su incertidumbre ante una realidad que iba empeorando a medida que pasaban los meses.</p><p>A instancias del cura párroco, y en la primera misa que se celebró, se tomó la decisión de&nbsp;solicitar a la Virgen de Fátima que intercediera ante Dios para que les envié la lluvia, que tanta falta hacía, prometiendo los feligreses en su conjunto que si el milagro se producía, iban a construir una gruta y entronizar una imagen en su honor.</p><p>La población participó multitudinariamente de misas especiales, rezos y procesiones que se desarrollaron por las calles de la localidad organizados por el cura párroco, en las que quedó de manifiesto la devoción de la comunidad y la certeza en sus convicciones religiosas.&nbsp;</p><p>Y un día el milagro se produjo: después de mucho tiempo llegó la tan ansiada lluvia con sus bendiciones para el campo y las personas. Volvieron a nacer los pastos para alimentar a los animales, la tierra volvió a ser apta para ser sembrada, en la localidad volvieron a florecer los jardines y regresó la vida en todo su esplendor. La virgen cumplió y ahora nos toca a nosotros cumplir con ella -dijo el sacerdote.</p><p>El sacerdote Juan Peter junto con la colaboración desinteresada de muchas personas, concretaron la obra en muy poco tiempo:&nbsp;Pedro Pin donó 2 hectáreas de campo, Mateo Hippener diseñó la gruta, el albañil Pedro Schmidt la construyó, el artista plástico Salvador Schneider pintó los murales a ambos laterales y Pedro Cumler tuvo a su cargo el riego y cuidado de la plantación de árboles con que se embelleció el lugar.</p><p>Mientras esto se&nbsp;llevaba a cabo, el Padre Peter solicitó&nbsp;una réplica de la imagen de la Virgen directamente en el&nbsp;Santuario que la Virgen de Fátima tiene&nbsp;en la Cova de Iría, en Fátima, Portugal, donde entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917, se le apareció a tres niños pastores, llamados Lucia dos Santos, Jacinta y Francisco Marto.</p><p>Al intentar ingresarla al país la imagen fue retenida en la aduana, en el marco de una investigación bajo sospecha que podría contener droga en su interior. Siendo infructuosos todos los trámites que se realizaron, se solicitó la intervención del escribano Domingo Nicolás Móccero, quien logró destrabar la medida para que la estatua de la Virgen pudiera ser transportada a Pueblo Santa María. Previamente, las autoridades de la aduana verificaron que en su interior no contuviera ningún tipo de sustancias, realizando un corte a la altura de la cabeza.</p><p>Finalmente,&nbsp;el 21 febrero de 1965, el repicar de las campanas de la iglesia anunciaban la salida de una procesión, en la que participó todo el pueblo, rumbo a la gruta construida en el ingreso a la localidad, llevando en andas a la Virgen de Fátima para ser entronizada en el lugar, seguido por una solemne peregrinación de carrozas ornamentadas con temas religiosos y abundancia de flores, otras&nbsp; llevando espigas de trigo y demás productos que son el esfuerzo del trabajo rural o de la actividad desarrollada en el pueblo, y los acompañaba una larga fila de implementos agrícolas, máquinas cosechadoras, tractores, carros tirados por caballos, jinetes y muchos más.</p><p>Una multitud agitando pañuelos blancos y banderas argentinas los recibió al ingresar a la gruta y participó de la misa y posterior entronización de la Virgen, en un evento religioso sin precedentes para la región, de un pueblo fundado y habitado por descendientes de alemanes del Volga, para quien la fe en Dios representa un elemento fundamental de su identidad, cultura y un pilar central en la vida de sus antepasados y continúa siéndolo para sus descendientes en la actualidad.</p><p>Desde aquel día, los habitantes de Pueblo Santa María mantienen viva la tradición de visitar la Gruta de la Virgen de Fátima los días 13 de cada mes. Este fervor se intensifica especialmente entre mayo y octubre, fechas que conmemoran las apariciones de la Virgen en 1917 en la Cova de Iría, Fátima, Portugal.</p><p>Y cada 21 de febrero, la comunidad se congrega en la gruta para conmemorar el milagro de la lluvia y la entronización de la imagen de la Virgen. En esta fecha especial, mediante una misa en acción de gracias y la presentación de los frutos de la tierra, tal como sucediera en aquel 1965, se agradecen las bendiciones recibidas durante el año anterior y se elevan oraciones pidiendo protección y guía para el nuevo año.</p><p>Esta tradición, arraigada en la fe y el fervor religioso, ha fortalecido los lazos de la comunidad y mantenido viva la devoción a la Virgen de Fátima en Pueblo Santa María a lo largo de estos 60 años.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vtUFbQgdvi3WeRTE7DgFMlElpUs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2025/02/se_cumplen_60_anos_de_la_entronizacion_de_la_virgen_de_fatima_en_la_gruta_de_acceso_a_la_localidad_de_pueblo_santa_maria.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El 21 de febrero se conmemora un nuevo aniversario de la entronización de la Virgen de Fátima en la Gruta que se erige en la rotonda de acceso a Pueblo Santa María, en el Partido de Coronel Suárez en la provincia de Buenos Aires. Fecha para rememorar dos acontecimientos históricos que dejaron huella en la región, uno climático y otro religioso.]]>
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                <updated>2025-02-20T14:14:35+00:00</updated>
                <published>2025-02-20T14:07:37+00:00</published>
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