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    <title>Paralelo 32</title>
    <subtitle>Periodismo Confiable</subtitle>
    <updated>2026-04-13T19:25:07+00:00</updated>
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            Equilibrio, inversión y competitividad: la base de la segunda mitad
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                <![CDATA[Sebastián Sarubi]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/kWR4Ryp6Lhjut7xmxsVXVitenSI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2026/01/casa_de_gobierno_entre_rios.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El discurso del gobernador Rogelio Frigerio dejó una definición central para entender el momento que atraviesa la provincia. La primera mitad de la gestión fue la del orden; la segunda debe ser la del desarrollo.</p><p>Durante 20 años consecutivos de gobiernos del PJ, Entre Ríos convivió con un esquema estructural de déficit que fue naturalizándose como parte del funcionamiento habitual del Estado. El gasto rígido creció, la dependencia de recursos coparticipables se profundizó y las reformas necesarias se postergaron por razones políticas.</p><p>El resultado fue una provincia con escaso margen de maniobra, con baja competitividad y con una deuda que incluso podía llevarnos a una situación de default.</p><p>La primera mitad de esta gestión estuvo dedicada a desactivar esas bombas de tiempo. Se cumplió con los vencimientos de deuda heredada, se evitó el default, se revisaron estructuras y se ejecutó mejor el presupuesto.</p><p>Y lo más relevante: en el peor contexto de recaudación, la provincia pasó del déficit al equilibrio sin aumentar impuestos por encima de la inflación. Esa decisión política no es menor. Es una señal clara hacia los sectores productivos y hacia cada contribuyente entrerriano.</p><p>Pero el orden no alcanza si no se transforma en crecimiento.La mejora en la tarifa eléctrica permitió dejar de ser la provincia con el costo más alto del país y ubicarnos en la mitad de la tabla, mejorando la competitividad real de nuestras industrias y economías regionales. La sanción del RINI (Régimen de Incentivo a las Nuevas Inversiones) ya generó más de 200 millones de dólares en inversiones y casi 2.000 puestos de trabajo. Además, se proyecta un plan de infraestructura superior a 300 millones de dólares que reactiva la obra pública paralizada y dinamiza la economía.</p><p>El equilibrio fiscal no es una meta contable. Es la plataforma para recuperar inversión, empleo y desarrollo sostenible.</p><p>Entre Ríos está mejor plantada porque administra con responsabilidad. Ahora el desafío es consolidar esa base y convertirla en crecimiento sostenido.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/kWR4Ryp6Lhjut7xmxsVXVitenSI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2026/01/casa_de_gobierno_entre_rios.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El discurso del gobernador Rogelio Frigerio dejó una definición central para entender el momento que atraviesa la provincia. La primera mitad de la ge...]]>
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                <updated>2026-04-13T19:25:07+00:00</updated>
                <published>2026-02-20T14:24:44+00:00</published>
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            La honestidad como valor en la comunicación corporativa
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/d9dm_Zu8uiMHqcOt_lu4b2CUEkg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2025/09/la_honestidad_como_valor_en_la_comunicacion_corporativa.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Durante décadas, la comunicación organizacional se erigió sobre un pilar fundamental: la perfección. Empresas y marcas se esforzaron de manera incansable por proyectar una imagen impecable, un universo sin fallas donde los productos eran inmejorables, los servicios fluidos, los líderes infalibles y los procesos operaban sin contratiempos. Los anuncios publicitarios de la segunda mitad del siglo XX son un claro testimonio de esta era: campañas meticulosamente diseñadas, modelos con sonrisas que no se desvanecían y narrativas que no dejaban espacio para la duda, la incertidumbre o, mucho menos, el error. El objetivo era simple y directo: generar confianza a través de la impecabilidad. La premisa subyacente era que la excelencia en la imagen se traduciría automáticamente en confianza y lealtad por parte del consumidor.</p><p>Esta estrategia, sin embargo, ha mostrado sus fisuras. En la actualidad, vivimos en una sociedad hiperconectada y saturada de información, donde el público ha desarrollado un sofisticado "radar de autenticidad". Las narrativas corporativas que resultan demasiado perfectas se perciben como distantes, sospechosas y, en muchos casos, poco creíbles. La perfección, que antes generaba una admiración casi reverencial, ahora puede generar escepticismo. La audiencia ya no busca héroes de marca inalcanzables, sino compañeros de viaje con los que puedan sentirse genuinamente identificados. La brecha entre lo que las empresas proyectan y lo que la gente experimenta en su vida diaria es cada vez más estrecha, y cualquier disonancia es detectada de inmediato y expuesta en la plaza pública de las redes sociales.</p>La era de la honestidad: un cambio de paradigma<p>Gracias a la evolución de las redes sociales y las nuevas tendencias de comunicación, ha surgido una oportunidad para una nueva forma de conectar con la audiencia: abrazar la honestidad. Plataformas como TikTok e Instagram han normalizado la espontaneidad, el error y la capacidad de reírse de uno mismo. Los "detrás de cámaras" se han vuelto tan importantes como el producto final. Las marcas que se han atrevido a seguir esta tendencia han descubierto algo poderoso: mostrar las imperfecciones e incluso mostrarse vulnerable humaniza y fortalece el vínculo con su audiencia. Esta nueva aproximación reconoce que las personas se conectan con otras personas, no con logos o estructuras corporativas abstractas.</p><p>Mostrar solo los éxitos es fácil; lo verdaderamente valiente y significativo es compartir también los desafíos, los fracasos y las lecciones aprendidas. Esto no implica debilidad, sino un profundo acto de transparencia y vulnerabilidad. Cuando una empresa admite un error públicamente, explica de manera clara cómo lo va a solucionar o comparte los obstáculos que enfrenta para lanzar un nuevo producto o servicio, está enviando un mensaje claro y poderoso: "Somos un equipo humano, con aciertos y errores, y estamos dispuestos a aprender y crecer junto a ustedes".</p><p>Esta honestidad radical tiene un efecto catalizador en la confianza. En lugar de construir un muro de perfección que tarde o temprano se desmoronará, se construye un puente de confianza real y resiliente. El público ya no ve a la marca como una entidad monolítica, sino como un grupo de personas con valores, metas y, sí, también fallas. Es en este espacio de sinceridad donde la lealtad se vuelve más profunda y duradera, basada no en una imagen idealizada, sino en una conexión auténtica.</p>La dicotomía entre la imagen y la conexión<p>La verdadera dicotomía que enfrentan las organizaciones de hoy no es entre perfección y fracaso, sino entre imagen y conexión. La pregunta fundamental que debemos hacernos es: ¿qué queremos construir con nuestra comunicación? ¿Una imagen inmaculada que se puede desmoronar con el primer traspié, o una conexión auténtica y resiliente que se fortalece con cada desafío compartido?</p><p>La honestidad en la comunicación quizás no sea simplemente una táctica o una moda pasajera, sino un reflejo de una nueva forma de entender las relaciones en el siglo XXI. Es el reconocimiento de que la confianza no se gana prometiendo la perfección, sino demostrando la humanidad. Aceptar y comunicar las imperfecciones no es un acto de debilidad, sino el camino más seguro para construir una conexión real con la audiencia, una que valore la transparencia, la autenticidad y el crecimiento mutuo. En la era de la transparencia total, la imperfección es el nuevo valor de la comunicación, y abrazarla es el primer paso para construir una relación duradera y significativa con la audiencia.</p>Cómo impacta esto en los medios tradicionales<p>La necesidad de transparencia y honestidad se ha filtrado más allá de las redes sociales para impactar también en los medios de comunicación tradicionales, como la televisión, la radio y la prensa escrita. Sin embargo, la forma en que esta transformación se manifiesta varía considerablemente en cada plataforma. La televisión, por su naturaleza audiovisual y su alcance masivo, solía ser el bastión de la publicidad perfecta y pulida. Los anuncios de televisión presentaban realidades idealizadas, productos inmaculados y familias felices y sin conflictos. Hoy, aunque el formato sigue privilegiando la producción de alta calidad, se observa una tendencia creciente a incluir elementos de "vida real". Vemos a los directivos de empresas dando la cara en programas de noticias para hablar de crisis o admitir fallos, en lugar de esconderse detrás de comunicados de prensa. Los programas de entrevistas y documentales corporativos buscan mostrar los procesos de producción o los desafíos de la innovación, humanizando a las empresas y rompiendo el molde de la perfección.</p><p>En la radio, el cambio hacia la honestidad se manifiesta de manera más íntima y conversacional. Los formatos de programas de radio en vivo y los podcasts han creado un espacio donde las marcas pueden tener una voz más directa y personal. A diferencia de un spot publicitario de 30 segundos, un podcast patrocinado o una entrevista en la radio permite a un líder de empresa o a un portavoz explicar con detalle una situación compleja, compartir anécdotas o incluso reírse de sus propios errores. Esta cercanía, facilitada por la voz humana, fomenta una conexión más profunda y genuina con el público. La espontaneidad inherente a la radio rompe con la imagen rígida y preestablecida, permitiendo que las imperfecciones del discurso o las pausas reflexivas se conviertan en signos de autenticidad en lugar de fallas.</p><p>Por su parte, los periódicos y las revistas, que tradicionalmente operaban con una estricta separación entre el contenido editorial y la publicidad, también han evolucionado. La publicidad impresa de antaño se basaba en textos persuasivos y fotografías impecables. Si bien esto aún existe, cada vez más empresas optan por incluir a menudo desafíos superados, procesos de mejora y la voz de sus trabajadores. Aunque el rigor periodístico exige la transparencia sobre la naturaleza de este contenido, el hecho de que las marcas elijan esta vía demuestra su interés en construir credibilidad a través de la narrativa. En lugar de simplemente vender un producto, buscan que el lector entienda la filosofía de la empresa, sus luchas y su compromiso, lo que se traduce en una relación de confianza mucho más sólida.</p><p>En síntesis, podemos decir que, aunque los medios tradicionales mantienen sus características distintivas, la gran mayoría está convergiendo hacia un nuevo modelo de comunicación que valora la transparencia y la honestidad. Los medios tradicionales pueden ser también espacios donde las empresas muestren su lado humano y vulnerable. La audiencia, habituada a la autenticidad de las redes sociales, ahora espera un nivel similar de sinceridad en todos los canales. Las marcas que comprenden y se adaptan a este cambio, dejando de lado la obsesión por la imagen perfecta para abrazar una comunicación más real y transparente, son las que, a largo plazo, construirán una conexión de confianza duradera con sus públicos, sin importar el medio.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/d9dm_Zu8uiMHqcOt_lu4b2CUEkg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2025/09/la_honestidad_como_valor_en_la_comunicacion_corporativa.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Una clave para optimizar la gestión comunicacional en las organizaciones y empresas es hoy gestionar adecuadamente el equilibrio entre la coherencia, la honestidad y la transparencia. Dejar de lado la idea de una imagen perfecta y adoptar una postura más honesta no solo ayuda a construir una conexión más profunda con quienes las rodean, sino que también abre el camino hacia una cultura más saludable y auténtica, donde el fracaso se acepta como parte del proceso y no como un enemigo a ocultar.]]>
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                <published>2025-09-03T22:26:38+00:00</published>
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